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Humor · 6 de octubre de 2026

13 trucos que todos usamos para no dormirnos en clase

Pellizcos, bostezos disimulados y el famoso codo que resbala. Repasamos 13 trucos que todos usamos en clase para no quedarnos dormidos. ¿Cuántos hiciste?

Son las tres de la tarde, acabas de comer y el profesor lleva veinte minutos explicando lo mismo con la misma voz. Los párpados te pesan como si fueran de plomo. Sabes que si cierras los ojos un segundo, despertarás con la marca del cuaderno en la cara. Tranquilo: a todos nos ha pasado, y todos hemos tirado de los mismos trucos para sobrevivir.

😴 La batalla perdida contra los párpados

El sueño en clase tiene su propio horario. Suele aparecer después del recreo, justo tras la comida o en esa asignatura que se da con las persianas bajadas y un proyector zumbando. No importa cuánto hayas dormido la noche anterior: hay clases que adormecen a cualquiera.

Los momentos de mayor peligro casi siempre son estos:

  • La primera hora del lunes, cuando el cuerpo sigue en modo fin de semana.
  • La hora después de comer, con la digestión haciendo su trabajo.
  • Cuando apagan la luz para ver diapositivas, que es prácticamente una invitación a la siesta.
  • El último día antes de vacaciones, cuando la cabeza ya está en la playa o en el sofá.

✏️ Los trucos clásicos que todos hemos probado

1. El pellizco discreto

Un pellizquito en el brazo o en la pierna, por debajo de la mesa. Funciona unos treinta segundos. Después hay que repetir, y al final de la clase tienes el antebrazo como un mapa.

2. El bostezo con la boca cerrada

Se te llenan los ojos de lágrimas, se te hinchan las fosas nasales y pones una cara rarísima. Pero el profesor no se entera, o eso crees tú.

3. Apuntar absolutamente todo

Si la mano se mueve, el cerebro sigue despierto. Por eso copiamos hasta la fecha, el título y lo que dice el profesor sobre el tiempo que hace. Luego relees los apuntes y encuentras frases que terminan en una línea que baja hasta el borde de la hoja.

4. La postura de pensador

Codo en la mesa, mano en la barbilla, mirada fija en la pizarra. Parece que estás reflexionando. En realidad estás usando la mano como almohada, y el día que el codo resbala, toda la clase se gira a mirarte.

5. Pedir permiso para ir al baño

No tenías ganas. Solo necesitabas caminar por el pasillo, mojarte la cara y volver con los ojos un poco más abiertos. Cinco minutos de libertad que saben a gloria.

6. Beber agua a sorbitos

La botella se convierte en tu mejor aliada. Un sorbo cada dos minutos te mantiene ocupado. El problema es que después necesitas el truco número 5 de verdad.

7. Mover la pierna sin parar

Ese tic nervioso que molesta al compañero de al lado y hace temblar la mesa. Para ti es una pequeña sesión de gimnasio en la que el objetivo es seguir consciente.

🤫 Las estrategias de nivel avanzado

Cuando lo básico deja de funcionar, toca sacar la artillería pesada. Estas técnicas requieren práctica y algo de valentía.

8. Hacer una pregunta, cualquiera

Levantas la mano y preguntas algo que ya se explicó. Te arriesgas a un «eso lo acabo de decir», pero la descarga de nervios te despierta para el resto de la hora.

9. Dibujar en el margen del cuaderno

Empiezas con un círculo y terminas con un castillo, tres dragones y tu nombre en letras de grafiti. Al final de curso, esos márgenes valen más que los apuntes.

10. Pedirle al compañero que te dé un codazo

El pacto de amistad más sagrado del colegio: «si me ves cabecear, me despiertas». Hay compañeros que cumplen con delicadeza y otros que te dan un susto que te dura hasta el día siguiente.

11. Mascar algo a escondidas

Un chicle o un caramelo sin que nadie lo vea. Masticar mantiene la mandíbula activa y, de paso, la mente. Si el profesor te pilla, eso ya es otra historia.

12. Sentarse más recto que una regla

Espalda pegada al respaldo, pies en el suelo, hombros hacia atrás. Te prometes que si te sientas bien no te dormirás. Duras cuatro minutos antes de volver a deslizarte por la silla.

13. Contar cosas del aula

Cuántas baldosas tiene el suelo, cuántas veces dice el profesor «¿vale?», cuántos bolígrafos hay en la mesa de al lado. Se convierte en un juego tan absorbente que te olvidas por completo de la explicación.

🧠 Lo que sí funciona de verdad

Todos esos trucos nos han salvado alguna vez, pero la ciencia tiene recetas más fiables para llegar despierto a clase. Ninguna es mágica, aunque juntas marcan la diferencia:

  • Dormir entre 8 y 10 horas si eres niño o adolescente. Parece mucho, pero es lo que el cuerpo necesita a esas edades.
  • Desayunar algo con proteína, como huevo, yogur o leche, en lugar de solo galletas o bollería.
  • Dejar el móvil una hora antes de acostarse. La luz de la pantalla engaña al cerebro y le hace creer que todavía es de día.
  • Moverse en el recreo. Caminar o jugar un rato activa la circulación y llegas a la siguiente clase con más energía.
  • Participar en clase. Cuando hablas y preguntas, al cerebro le cuesta mucho más desconectarse.

Y si un día el sueño te gana, no pasa nada. Le ha pasado a tu madre, a tu abuelo y seguramente al propio profesor cuando era estudiante. Lo importante es reírse de ello y que el codo no resbale delante de toda la clase.

🎉 ¿Qué tipo de estudiante eres tú?

Quizá eres de los que apuntan todo, de los que dibujan dragones o de los que piden ir al baño cada media hora. Si quieres averiguarlo, prueba nuestro quiz de qué tipo de estudiante eres y compártelo con tus compañeros de clase. Seguro que más de uno se reconoce en el resultado.

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